
Me ha venido a la cabeza esta tarde aquel texto en el que Jesús anuncia a sus discípulos que tienen que ser crucificado, que lo van a entregar a los jefes del pueblo, etc etc. Y sale Pedro, espontáneo como siempre, para decir que eso no puede pasar, que no lo van a permitir. Y claro, a Pedro le cae una buena reprimenda de parte de Jesús, porque "piensa como los hombres, no como Dios". Eso suele pasar cuando no se está en "sintonía", en el mismo tono. Cuando cada uno quiere dar la nota que le apetece, y no la que marca la partitura del Evangelio.
Digo que me venía a la cabeza esto porque hay veces en las que "damos la nota". Y esta expresión no indica que hayamos hecho algo bien, sino todo lo contrario, que nos "hemos salido de tono". Hay veces en que damos la nota cuando juzgamos a alguien precipitadamente, creyendo que lo conocemos todo sobre el juzgado. Otras veces damos la nota con un golpe seco sobre la mesa, porque nos han sacado los colores. Y hay otras veces en que damos la nota, simplemente, porque no hemos sabido escuchar (bonito verbo para los cristianos, imprescindible para los músicos) a los demás.
¿Qué nos pasa? Pues que a veces llegamos a creer que sólo nosotros tenemos la verdad, que sólo nosotros sabemos cómo se interpreta tal o cual situación. Parece ser que la partitura nada más que la conocemos nosotros. Nos pasa que, al igual que Pedro, "pensamos como los hombres, no como Dios", y erramos el camino, la nota, y la ocasión. Suerte que nuestra vida es un ensayo, en el que siempre-siempre se puede volver a comenzar.